Caminamos por veredas boscosas hasta topar con miles de luciérnagas que resplandecen durante las noches de verano en Tlaxcala, como estrellas bajadas del cielo.

luciern4En poco más de una hora desde la ciudad de Tlaxcala, llegamos por la mañana al municipio de Nanacamilpa, con la emoción de admirar, por primera vez, el brillo verde fosforescente de miles de luciérnagas, en lo que nos habían dicho parecía un verdadero bosque encantado. Cada verano, entre los meses de junio y agosto, estos magníficos insectos convierten la obscuridad del monte en un espectáculo de luces, y había que verlo con nuestros propios ojos.

Paramos a probar los típicos tlatloyos, de tortilla gruesa de maíz acompañados con una ensalada de nopales. A lo lejos, alcanzamos a ver el volcán de la mujer dormida (Iztaccíhuatl), para luego continuar rumbo a nuestro hospedaje. Aunque se puede ir y venir desde Tlaxcala en un mismo día, optamos por pasar la noche en unos bungalows dentro del bosque —incluso  tenían vista a la Laguna Azul—. Una vez ahí, fue fácil conectarnos inmediatamente con el soplo de los pinos que rozaban unos contra otros, y el fresco aroma que desprendían.

Al anochecer, marchamos por las veredas que nos señalaba el guía dentro de las 200 hectáreas boscosas y húmedas del santuario de las luciérnagas. Mientras más avanzábamos, más nos daba una sensación de misterio; nos imaginábamos en el clímax de una película cuando algo fuera de este mundo estaba a punto de suceder, con el silencio y las sombras de las coníferas que nos rodeaban.

Aproximadamente a las ocho y media de la noche, pequeñas lucecitas comenzaron a encenderse a nuestro alrededor, dándome la impresión de haber entrado a otra dimensión en un abrir y cerrar de ojos. De ser cientos de luciérnagas, de pronto fueron miles las que titilaban en sincronía, como estrellas de color bajadas del cielo. Incluso, nos dio la impresión de que iban dejando un rastro de luz por donde volaban, rayando la noche con electrizantes líneas de magia.

“Silencio”, nos pidió el guía. “Ni un silbido, por favor” (como si tuviéramos aún palabras ante tal encantamiento). Su parpadeo se prolongó por más de una hora, mientras entonaban una melodía semejante al sonido de campanitas. Nosotros movíamos la cabeza en todas direcciones, alzábamos la palma de la mano por si acaso podíamos gentilmente tocarlas, y sonreíamos, pues aquello sólo lo habíamos visto en los cuentos. ¡Qué fascinante es la naturaleza!

Sucede que las luciérnagas hembras se iluminan para así atraer a los machos y fertilizar sus huevos, mismos que depositan en la tierra. Y esto es sólo una vez al año, cuando las condiciones del ambiente son perfectas para reproducirse.

luz-de-luciernaga-top

Esta reserva es uno de los pocos lugares en el mundo donde se pueden admirar en tal cantidad, ya que están en peligro de extinción. Desde Nanacamilpa, se debe tomar camino hasta San Felipe Hidalgo y de allí continuar por cuatro kilómetros por un sendero señalado dentro del bosque. Dada la dificultad para llegar y la frágil situación de estas pequeñas grandes heroínas, es indispensable ir acompañados  de un guía.

Ya cuando empezó a disminuir su luminosidad, la noche cayó completamente sobre nosotros y la magia parecía desvanecerse. De regreso a los bungalows, sin embargo, era imposible dejar de imaginar luces flotantes cuando nos acostamos a dormir y cerramos los ojos.