El damasquinado es un arte que pocas ciudades del mundo han preservado. Fuimos hasta Toledo, España para conocerlo.

NUESTRA AGENTE DE VIAJES nos había recomendado mucho no perdernos Toledo, la ciudad medieval de España por excelencia. Es muy fácil llegar desde Madrid: apenas a una hora al sur por carretera y media hora por tren. Mis amigos y yo tomamos un tour guiado que sale por autobús temprano por la mañana y regresa a la capital española justo a la hora de la comida; ¡a tiempo para comer tapas en la Gran Vïa!

Toledo guarda el espíritu de siglos atrás; sus calles angostísimas, los edificios del siglo 15 y sus artesanías en hierro te transportan al pasado. Si de algo me enamoré fue el damasquino toledano, una técnica artesanal que jamás podrán masificar los chinos en sus fábricas porque necesita de la mano de obra de artesanos calificados para lograr la riqueza de los dibujos siempre dorados de esta milenaria técnica traída a España por los árabes durante el siglo 8.

 

En una visita a uno de los talleres de la ciudad vimos a maestros de este arte transformar piezas de distintos tamaños en hermosos objetos de colección. Martillaban con sumo cuidado sobre la superficie de hierro blando para incrustar hilos o láminas de oro de 22 o 24 quilates en los surcos. Los motivos son de estilo mudéjar y renacentista, principalmente. La foto de arriba muestra algunos artículos que ahí se fabrican y se venden dentro y fuera de España.

Ahora tengo claro que Toledo ha preservado la técnica del damasquinado mejor que en ningún otro lugar del mundo, una de las muchas razones para visitar esta hermosa ciudad.

Fotografías: Armando Dájer

MADRID, ¡A TODAS HORAS!