Un viaje por la zona central de Costa Rica, abundante en volcanes y verdor es ¡pura vida!

AÚN NO VIAJO a Hawaii para saber si la producción de Parque Jurásico hizo bien en cambiar la locación de la novela original, pero estoy seguro que la flora y fauna costarricenses son de lo más abundante que jamás haya visto. En esta tierra fértil, reina mundial de la cosecha de piñas y generosa para toda clase de hortalizas y variedades de café, puede uno figurarse las manadas de dinosaurios corriendo entre volcanes activos, fumarolas de azufre y plantas de hojas gigantes.

Aquí los ticos se aferran a vivir entre bocas volcánicas activas, obligados a dormir bajo techos de material ligero por aquello de los sismos, pero su recompensa es la belleza del hermoso y fértil paisaje. ¡Pura vida!, como suelen rematar los locales.

El truco para disfrutar de Costa Rica es dormir en San José, la capital, y de ahí dirigirse a las playas, selvas, ríos y lo mío, los volcanes. Mi meta de este viaje eran el Poás y el Irazú, dos de los más populares entre turistas y para no fallarle, qué mejor que hacerlo con una excursión bien planeada, sobre todo teniendo en cuenta que hay cosas que debes saber antes de emprender la subida. En mi caso, el tour estaba a cargo de Euromundo, una operadora confiable, con presencia mundial.

Como el estrecho país se encuentra entre el Pacífico y el Atlántico, las nubes cubren hacia mediodía las zonas a más de dos mil metros de altura por lo que hay que subir temprano antes que el espectacular paisaje quede cubierto.

A 45 kilómetros de San José, el Poás está en un parque muy bien acondicionado para los visitantes, con servicios sanitarios, alimentos y buena señalización. Debes ir con tenis y ropa cómoda para caminar por los senderos que te llevan hasta el enorme cráter (uno de los más grandes del mundo); se trata de una espectacular laguna de ácido sulfúrico que emite vapor de fuerte olor.

 

Quien camina un kilómetro hacia arriba, puede verse compensado con la hermosa laguna Botos, a 2,700 metros de altura.

A unas tres horas de ahí, a 3,400 metros se encuentra el volcán Irazú, donde recomiendo llevar un sweater o chamarra ligera. Aquí es más difícil lograr ver el cráter y su laguna ya que casi siempre se mantienen cubiertos de nubosidad. Aun así vale la pena el paisaje casi lunático con flora capaz de vivir bajo estas circunstancias.

En las excursiones se ofrecen además comidas típicas o visitas a regiones cafetaleras para conocer de cerca la rica actividad agrícola de la región y probar un casado (platillo de arroz, frijoles y alguna carne) . Un verdadero placer que vale la pena experimentar.


Agradecemos a EUROMUNDO Operadora Mayorista y VOLARIS por las excursiones y los traslados para la realización de este artículo.

Fotografías: Armando Dájer