En ninguna otra ciudad del mundo se usa más la bicicleta que en la capital holandesa. Lo mejor de todo es que tú puedes experimentar la vida a dos ruedas mientras conoces Ámsterdam.

 

Ámsterdam nos lleva por cafés, tiendas de curiosidades y ropa vintage, galerías de arte independiente y dibujos callejeros; los tranvías se trasladan de un lado a otro, y en los ríos, pequeños botes hacen las veces de casas, bares y restaurantes. Pero nada ofrece mayor movilidad que una bicicleta.

Group of bikes in parking in AmsterdamSi alguna vez has llegado a la Estación Central, seguro te sorprendiste igual que yo, al ser recibido por un estacionamiento colmado de bicicletas de todos colores, estilos y épocas. Y eso no es todo,es multinivel y cuenta con un espacio con capacidad para más de10 mil de ellas. ¡Y no se dan abasto!Por eso resulta imposible ignorarlas: son parte de esta fascinante capital europea.

¿A dónde vamos en dos ruedas?

En un lugar donde hay más bicicletas que residentes (comprobado en cifras oficiales), existe todo lo necesario para hacerse de una de alquiler en tu visita.En el cosmos de los ciclistas hay desde los que pasean al perro hasta los que se dirigen al trabajo, encarriles perfectamente marcados y conectados entre sí por toda la ciudad, con sus propios señalamientos y semáforos – manteniendo precaución para no tropezar con otros, pues son tan numerosos como los automóviles.

flower marketComo turista, puedes llegar en dos ruedas a muchos sitios de interés. Por ejemplo, es iniciar en el Molino de Gooyer, uno de los pocos aún en pie desde 1725; luego, visitar el Museo de Van Gogh con una colección de más de 200 obras del pintor holandés, y el Rijksmuseum, para conocerla historia y el arte de estacapital. De ahí, sin mayor dificultad, es posible pedalear unas cuantas cuadras hasta el canal Singel para dar color a tu paseo en el Mercado de las Flores flotante.

Ya estando tan céntrico, puedes conducir en el anillo de canales Grachtengordel para admirar la arquitectura del siglo 16 y 17 del centro viejo, declarado Patrimonio de la Humanidad; ahí observarás la emblemática Torre de la Moneda, donde antiguamente se acuñaban los metales. A cualquier hora te queda a mano la plaza Leidseplein, uno de las más animadas de la ciudad; estaciona tu bicicleta y siéntate en una de sus terrazas a admirar los trucos de artistas callejeros y disfrutar de una bebida.

Curiosamente, si algunas urbes del mundo como Tokio o Nueva York desean que más personas se muevan a dos ruedas, en Ámsterdam el reto es controlar el gran tráfico de ciclistas. Por ello, el gobiernoha designado policía especial para controlar su tránsito. Mientras tantolas bicicletas visten continuamente el escenario. Bajo el sol, la lluvia o la nieve, llevan y traen a locales y visitantes de la ciudad y permanecen en nosotros como el recuerdo más vivo de Ámsterdam.

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