Ataques de piratas, venta de esclavos negros y una idealizada historia de amor, conforman el mito en el que se ha convertido Cartagena de Indias, la antigua ciudad amurallada de  Colombia, proclamada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

cartagena-IMGP2798Esa aura misteriosa entre verdad y mentira parece flotar en las calles de Cartagena con sus flamantes casas de colores y balcones de madera; a cada paso las leyendas no se hacen esperar: los locales cuentan cómo el corsario inglés Francis Drake quemó la ciudad,  la llegada de Simón Bolívar y hasta anécdotas de la altiva Fermina Daza, personaje de El Amor en los Tiempos del Cólera de Gabriel García Márquez.

Así es la vida en Cartagena, teñida de tintes novelescos y románticos que provienen de las historias que susurran la murallas que rodean el casco histórico, recordando que la ciudad fue presa de  ataques de piratas y corsarios dispuestos a saquear las riquezas acumuladas por los españoles, y una triste historia como el mercado más importante de esclavos africanos.

Las cosas han cambiado desde entonces; esas murallas ahora son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y encierran un centro histórico bien restaurado. Las plazas, iglesias y museos se ven repletas de turistas, y las antiguas casas coloniales se han convertido en exclusivos hoteles; lo que sigue es el misterio de saber si lo que dicen es verdad o no.

Una que otra de piratas…y Lucifer

Horse Drawn Carriage in Cartagena de IndiasCaminar las calles de Cartagena es sumergirte en los dichos populares, enamorarte o asustarte, como cuando te diriges a la iglesia de Santo Domingo por la calle del mismo nombre, y te advierten que ahí se aparece Lucifer tratando de impedir que los fieles lleguen a misa; pese a esto,  vale la pena recorrer esa calle y ver las casas que poco han cambiado desde el siglo 17,  y llegar a la iglesia, que además de ser la más antigua, también resistió uno de los embates del corsario Francis Drake.

Saliendo de la iglesia se encuentra la Plaza de Santo Domingo, en donde parece que el diablo también anduvo rondado para  derrumbar la torre del templo; ahora es uno de los lugares más animados con restaurantes de moda y la atractiva Gorda Gertrudis —como le llaman a la escultura de Botero.

Así como el diablo parece andar suelto, la presencia de San Pedro Clever es importante en la plaza, iglesia y convento que llevan su nombre, por su labor en defensa de los esclavos africanos que eran vendidos en la que hoy lleva el nombre de la Plaza de los Coches, en donde se rentan las calesas cuando baja el sol.

 Entre lo dulce del amor… y el desamor

2294447042_dbcbac7b64_bSólo hay que seguir el olor a guayaba y coco para llegar al Portal de los Dulces, más conocido hoy como  el de los Escribanos, donde algunos aseguran haber visto el momento en que Florentino Ariza le declaraba su amor a Fermina Daza, (El amor en los tiempos del cólera,  de Gabriel García Márquez).  La tarea de saber si lo que dicen fue real o no, es que la Torre del Reloj está tal como lo describe la novela.

Todavía recordando el dulce amor de Florentino, sigo hacia el Museo del Oro y a la temida Casa de la Inquisición (otro episodio oscuro de Colombia), en donde se exhiben algunos instrumentos de tortura, e incomprensiblemente es de los lugares más visitados.

A pocos minutos del centro histórico, se encuentra el barrio más bohemio: Getsemaní, sólo que habrá que pasar por la Calle de la Sierpe en donde se escuchaba algo grande arrastrándose con cascabeles de serpiente, pero gracias a un conjuro que hizo el alcalde de aquel tiempo, la culebra se convirtió en lo que era, una bruja.

1619-centro-historico-cartagenaEl barrio de Getsemaní es completamente diferente, creo que siempre ha sido un mundo aparte, con sólo saber que era donde vivían los esclavos en la época de la Colonia. Ahora todo es color, los muros están pintados por artistas locales y los malabaristas inundan las calles demostrando su destreza. Aquí se reúnen mochileros, bohemios y todo aquel que quiere disfrutar del ambiente del Café La Habana, o ir a la plaza de la Trinidad  y simplemente tomar una fría cerveza Águila con un sancocho de pescado.

La verdad en las murallas

Aquí inició todo, no hay mejores testigos de lo sucedido que las murallas, un recordatorio constante de todo por lo que pasó Cartagena de Indias.  Ahora podemos recorrerlas y admirar su monumentalidad, conocer los fuertes de San Sebastian del Pastelillo y el de San Fernando de Bocachica y escuchar sus leyendas, sin embargo, su labor de proteger a la ciudad no ha terminado, porque es para “Toda la vida”, tal como lo dijo Florentino Ariza.

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