En enero inician festejos de carnaval que culminan justo antes del Miércoles de Ceniza. Desde Río hasta Venecia, así celebran algunas ciudades los placeres de la vida.

NADIE SE TOMA tan en serio el carnaval como los cariocas. Con espontaneidad y desenvoltura, salen a las calles a gozar de la samba, el ritmo de baile nacido de los barrios afrobrasileños de Río de Janeiro, que terminó por conquistar las carnestolendas desde 1932.

En las calles, los grupos de barrios (blocos) ponen a todos a bailar (no por nada está considerada la “mayor fiesta de todo el mundo”) y en privado hay celebraciones como la del concurso de disfraces del Hotel Copacabana Palace. Las escuelas de samba compiten en el famoso Sambódromo por presentar el mejor show, con cuerpos esculturales que bailan en trajes de fantasía de gran vuelo y carros alegóricos de colosales dimensiones. ¡Algo que hay que ver alguna vez en la vida!

EN EL PUEBLO MINERO de Oruro, en Bolivia, se da la procesión de tres kilómetros hacia la iglesia de su patrona, la Virgen del Socavón, quien en tiempos precolombinos estaba identificada como Nusta, una figura que salvó a los habitantes de las plagas de la deidad Wari. Es por eso que durante la procesión, alrededor de la virgen bailan diablos (la Diablada), que es el evento principal del carnaval.

A ello se suman otros desfiles como la Morenada que se remonta a los tiempos de la colonia, cuando esclavos africanos fueron obligados a trabajar en las minas. En los desfiles, las fraternidades avanzan en coloridas carrozas y tocan música propia de la región. No es de sorprender que el carnaval ha sido declarado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

EL CARNAVAL de esta ciudad porteña de Colombia es producto de la mezcla de tres siglos de culturas aborígenes, el ritmo de los esclavos africanos y las festividades traídas por los colonizadores españoles. Formalmente se festeja desde 1876, con eventos que inician desde enero.

Durante los festejos se presentan danzas africanas, indígenas y fandango; también aparecen monstruos y personajes ya legendarios: la negrita puloy, de  voluminoso afro y vestido rojo ; el monocuco, un colorido disfraz que usaban los hombres ricos en el pasado para mantener su anonimato y conquistar a las mujeres de bajos recursos, y la marimonda, un personaje jocoso y burlón, de grandes orejas y larga nariz.  El carnaval es Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO.