De esta ciudad sagrada de la India, pintada por el sol en tonos tierra, Mark Twain escribió: “es más antigua que la Historia, más antigua que las tradiciones, más vieja incluso que las leyendas, y parece el doble de antigua que todas juntas”.

IndiaA ORILLAS del místico río Ganges, Benarés es una ciudad de contemplación. Acaso sus colores tierra iluminados por un intenso sol, su forma de media luna o el hecho de que la leyenda la ubiqué como la ciudad habitada más antigua del mundo, hace que uno quede perplejo al visitarla a casi 800 kilómetros de Nueva Delhi, la capital de la India.

Pocos lugares en el mundo guardan tal fidelidad hacia sus propias creencias. Y es que es sagrada para el hinduismo, el jainismo y el budismo, y uno de los principales centros de peregrinación de sus seguidores.

Como las aguas del Ganges se consideran el elixir de la vida, no es extraño toparse con cremaciones en plena orilla del río, ni con cientos de devotos con el agua hasta la cintura levantando los brazos en señal de súplica y oración, como parte de antiguas ceremonias al sol. Uno de los mayores encantos de Benarés son justo los cerca de 90 ghats (balneario) de rituales; tanto a pie como en bote se pueden visitar estos tramos de escalinatas que se suceden sin interrupción por toda la ribera.

A un par de calles del ghat Marnikarnika —uno de los más visitados—, el templo Kashi Vishwanath o Templo Dorado designado a Shivá, se alza como el más antiguo de Benarés, y aunque su entrada se prohíbe a los que no practican el hinduismo, vale la pena acercarse y ver sus cúpulas detalladas. En seguida, éstas contrastan con las de la mezquita de Gyanvapi, que parecen grandes globos blancos.

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Benarés, de por sí tan antigua, tiene un barrio viejo conocido como Godowlia. Sus calles angostas y un tanto caóticas (cuentan que por ellas predicó Buda), parecen un laberinto con vida propia entre construcciones de piedra y barro semi destruidas. Aquí se esquivan vacas, cebúes, monos y aves que andan por las calles, a lado de puestos de vendimias y niños que juegan con papalotes. La gente se desplaza generalmente a pie, en bicicleta, o en rickshaws, esos triciclos para dos o tres pasajeros en que el conductor pedalea.

Por su importancia religiosa, era de esperarse que la ciudad haya sido también gran centro comercial e industrial de telas de seda, perfumes y trabajos en marfil. Hoy día, se puede visitar la Fábrica Nacional de Seda, donde se ve tejer de manera tradicional. Generalmente, de ahí y de los bazares de alrededor, se sale con una que otra compra.

Y uno de Benarés sale conmovido de cierta manera, por haber presenciado su antigüedad (se pierde nuestra mente de sólo pensarlo), o quizás por su paisaje a la luz del sol y la forma tan distinta en que se vive en esta ciudad de Shivá. ¿Quieres verlo en video? Aquí.

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