En el universo de Gaudí o Miró no existen los convencionalismos, como tampoco lo existe en toda la capital de Cataluña.

EL SOL MEDITERRÁNEO se siente balsámico en Barcelona, la segunda ciudad con mayor población de España (más de cinco millones de habitantes). Aquí la historia, la arquitectura y la cultura catalana motivan a conocer de día los monumentos, plazas y paseos que hablan de un interesante pasado, en tanto que la noche siempre es joven para la fiesta.

Sus orígenes se remontan al siglo I a. C. con la llegada de los romanos, quienes se asentaron estableciendo una colonia a la que llamaron Barcino. Pese a su antigüedad aún pueden admirarse restos de la muralla que defendía a los cerca de mil habitantes de la naciente ciudad.

En otro momento histórico, Barcelona estuvo bajo dominio musulmán por más de 200 años para posteriormente volver a manos de cristianos bajo la Corona de Aragón. Vendrían entonces tiempos de esplendor entre el siglo 13 y el 15, dejando un legado de hermosa arquitectura gótica.

Sin embargo, en 1714 los catalanes perderían su independencia quedando en manos de las tropas borbónicas, pero recuperarían el catalán como su lengua (período conocido como Renaixença) y tras la Revolución Industrial se iría configurando la Barcelona próspera que hoy conocemos.

Curiosamente muchos de los atractivos de la ciudad se fueron dando en el siglo 20, con su transformación urbana en la que aparecieron barrios como el Eixample y sus edificios de vanguardia. Es cuando entra a escena Antoni Gaudí, arquitecto considerado como máximo exponente del modernismo catalán.

Si bien la Guerra Civil afectó el florecimiento de la ciudad, una vez terminada la dictadura de Francisco Franco, Barcelona no tardó en recuperar su fortaleza, convirtiéndose en sede de los Juegos Olímpicos en 1992 y sede del Foro Mundial de las Culturas en 2004.

Para conocer Barcelona hay que recorrer sus diez distritos, ubicados entre la montaña de Tibidabo y el mar del Mediterráneo, que en conjunto parecieran un trecandís, el mosaico tan característico de la ciudad hechos con fragmentos cerámicos de colores.

Un monumento en construcción

En Barcelona el sitio icónico es el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, un proyecto de estilo neogótico de 18 torres que comenzó en 1882 y que aún sigue en construcción. El diseño es obra de Gaudí, que solo pudo ver una de las torres terminadas antes de su muerte en 1926. El edificio está poblado de detalles que en conjunto resultan asombrosos. ¡Y eso que aún no está terminado! Todo dependerá de las donaciones al proyecto.

Para conocerlo conviene adquirir las entradas de antemano ya que es la iglesia más visitada de Europa, apenas detrás de la Basílica de San Pedro.

Por fuera se aprecian tres fachadas simbólicas: la del Nacimiento de Cristo, repleta de decoraciones; la de la Pasión, que con austeridad refleja la Crucifixión, y la de la Gloria, la más importante por su tamaño y simbolismo sobre el Juicio Final, la Gloria y el Infierno. El interior para mi gusto es espectacular gracias a la altura y las formas fantásticas que surgen desde las columnas inspiradas en la naturaleza y que en conjunto forman un bosque de piedra.

Arte en el alma
Eusebi Güell fue un empresario y mecenas de Gaudí que no dudó en pedirle al famoso arquitecto que se diera vuelo en un terreno de 17 hectáreas. En 1922 abrió al Parque Güell, asombrando a los visitantes por sus ondulaciones, figuras de animales y columnas en forma de árbol, realizados con fragmentos de cerámica en colores.

Uno de los espacios más visitados en este recinto Patrimonio de la Humanidad es la banca en forma de serpiente cubierta de mosaico, de 100 metros de largo. También están la Casa Museo Gaudí, donde vivió el arquitecto entre 1906 y 1925, y el Monumento del Calvario, la parte más alta del parque con una hermosa vista de Barcelona.

Pero Gaudí no solamente dejó su huella en áreas verdes o una iglesia; también lo hizo en diversos edificios habitacionales como la Casa Batlló y la Casa Milà (La Pedrera). La primera, considerada su obra maestra , se encuentra en el centro de la ciudad y contiene el mundo fantástico del genio reflejado en exteriores e interiores. Ambas sorprenden por la transformación de cada rincón en figuras que asemejan lo orgánico, tal como las chimeneas La Pedrera convertidas en guerreros petrificados. El propio Güell vivió en una casa extravagante, el Palacio Güell, que le diseñó el maestro haciendo gala de su creatividad en el manejo de ornamentación e iluminación. El resultado es sorprendente y vale la pena visitarlo para comprender su talento.

Otro orgullo de Barcelona es Joan Miró maximo exponente del surrealismo en España, cuya obra se internó en el subconsciente “infantil” para reflejar la cultura y tradiciones de Cataluña. Sus mundialmente famosas pinturas de vivos colores pueden apreciarse en la Fundación Joan Miró que exhibe una vasta colección del artista.
Y si el arte moderno es lo tuyo, tampoco puedes perderte el Museo Pablo Picasso, donde se exhibe la colección más importante del pintor originario de Málaga, con 3 mil 500 obras.

Independientemente de Muró y Picasso, toda visita a Barcelona lleva al Palacio Nacional de Montjüic, sede del Museo Nacional de Arte de Cataluña. Sus salas albergan la colección de arte románico más completa del mundo, además de otros trabajos realizados hasta el siglo 20. Tan solo por el edificio vale la pena una visita, pues se trata de un imponente palacio de inspiración renacentista, construido para la Exposición Internacional de 1929.

Más allá de Gaudí
La Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia es un hermoso edificio gótico que demoró siglos en construirse ¡(desde 1298 hasta inicios del siglo 20!). Tiene cuarenta metros de ancho y torres de cincuenta metros de altura. Por dentro se aprecian vidrieras del siglo 16 y en la capilla principal está el sepulcro de Santa Eulalia.

Otro sitio de arquitectura gótica es el Monasterio de Pedralbes, fundado por la reina Elisenda de Montcada para albergar a las monjas Clarisas. Ahí puedes conocer cómo vivían en el claustro, con instalaciones magníficamente bien cuidadas.

Igualmente de alto valor histórico es el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de comienzos del siglo 20 y considerado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Sus pabellones de ladrillos rojos fueron diseñados por Lluís Domènech i Montaner, uno de los principales representantes del modernismo catalán.

También de inicios del siglo 20 es el Pueblo Español, de 49 mil metros, con 117 edificios, calles y plazas que reproducen poblaciones de toda España. Originalmente construido para la Exposición Internacional de 1929, su éxito fue tal que se quedó de manera permanente. Es encantador caminar por sus calles y admirar el trabajo de artesanos que dan vida a sus obras frente a ti. ¡Un buen lugar para las compras!

Vivir Barcelona
Para convivir con los barceloneses hay que caminar por Las Ramblas, un paseo peatonal de 1.3 kilómetros que une la Plaza de Cataluña con el antiguo puerto. En ella puedes comer, beber y admirar el ir y venir de sus habitantes. Por cierto que justo en las Ramblas se tiene acceso al Mercado de San JoséBarrr  , o La Boquería, con 300 puestos de todo tipo de mercancía y sobre todo mucha vida.

Recorriendo las calles no podrás evitar la Torre Glòries, un rascacielos en forma de bala, que se ha convertido en símbolo moderno de Barcelona. Por las noches, sus 38 pisos se iluminan de distintos colores gracias al manto de luces LED que cubren su estructura.

Al andar por las calles escucharás el catalán, una lengua heredada del latín, que gran parte de la población usa en la vida cotidiana, pero no te preocupes porque prácticamente todos son bilingües y hablan español. ¡Y no te sorprendas si escuchas a alguien hablar los dos idiomas a la vez!

Gastronomía. Punto y aparte
Entre los platillos más populares están el pan con tomate, la coca, (una masa de pimientos y berenjena acompañado de atún, cebolla, embutido de puerco, aceitunas, tomates o arenques) y el fricandó (ternera con ciruelas, piñones y tomates). Se pueden probar por toda la ciudad y en especial en el céntrico Barrio Gótico, los mercados y los restaurantes panorámicos.

Sea el idioma, la comida, su gente, el arte o la arquitectura, Barcelona siempre tendrá algo que te apasione, como apasionados son los catalanes.