Los turistas católicos desean pisar el lugar de Buenos Aires donde por 20 años se escuchó al entonces arzobispo Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco. 

LA CATEDRAL METROPOLITANA de Buenos Aires pasó desapercibida a mi ojos, acostumbrados a fachadas de estilo barroco, con torres y campanas. Pasa que la del máximo templo católico de Argentina es de estilo neoclásico y por fuera pareciera una universidad o institución gubernamental. Sin embargo, al entrar te llevas la sorpresa de que la nave principal es de gran belleza, con un altar mayor dorado y una cúpula de 41 metros de altura.


Se encuentra a pasos de la Plaza de Mayo y la Casa Rosada y su construcción demoró entre 1752 y 1911, lo que explica la mezcla de estilos arquitectónicos.

Hoy día, la catedral está entre los sitios de la llamada Ruta del Papa, la de Jorge Bergoglio, quien fuera arzobispo de la capital y oficiara ahí misa por 15 años antes de iniciar su papado como Francisco. Un póster señala este hecho y aunque modesto, los turistas le toman foto por su importancia. Además, desde 2013 hay un pequeño museo con objetos personales y litúrgicos del entonces arzobispo de la ciudad.


A mi me pareció hermoso el interior de la catedral pero en particular me llamó la atención la belleza de las 14 pinturas del Vía Crucis, del pintor italiano Francesco Domenighini, porque todas recogen con gran talento cada uno de los momentos de Jesucristo. También es conmovedor ver que al igual que en Notre Dame de París, el templo tiene una réplica de la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Así que asegúrate visitar la catedral, considerada una de las más importantes de Latinoamérica.

Fotografías: Armando Dájer 

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