¿Por qué tardé tanto en conocerla? Me pregunté cuando me topé con una ciudad de personalidad rebelde, encantadoramente blanca y en ocasiones rosada, de esos colores que sólo la tierra da.

LA PRIMERA VEZ que supe de Arequipa fue en mis tiempos estudiantiles cuando leía La tía Julia y el Escribidor de Mario Vargas Llosa, y me enteré que ahí había nacido el Nobel peruano. Fue mucho tiempo después cuando fui a Perú que se me ocurrió visitarla y me topé con una serie de casas e iglesias blancas, con un estilo entre colonial, prehispánico, o mejor dicho “virreinal y republicano”, según dicen los arequipeños.

Y vaya que tienen motivos para estar orgullosos: la tierra de la región ha sufrido severos terremotos, y los volcanes que tanto aman, Chachani (6,075), Misti (5,822) y Pichu Pichu (5,664), la han llenado de ceniza en varias ocasiones. No obstante, Arequipa ha sabido resistir temblores reconstruyendo sus casonas con muros gruesísimos (de 1 a 2 me-tros), hechos de piedra sillar del Misti. Además presume una arquitectura propia, perfecta, la que han llamado Escuela Arequipeña.

Sus edificios parecen hablar del espíritu rebelde de Arequipa o de la “República Independiente de Arequipa” como muchos la llaman, ya que sus pobladores han intentado independizarse de Perú y hasta han tenido su propia bandera. El blanco de su Centro Histórico parece resplandecer más cuando aparece la figura perfecta del volcán Misti como fondo; tal es el caso de la Basílica Catedral, la iglesia que domina el paisaje arequipeño y que ha sido reconstruida más de una vez por daños ocasionados por un incendio y varios terremotos. Otra edificio religioso, la Iglesia de la Compañía de Jesús no basta con ver su fachada pues su nave interior alberga uno de los ejemplos más espléndidos del barroco mestizo peruano, con un altar exageradamente recargado y bello.

Bien vale caminar por el barrio de la Recoleta y el de San Lázaro —donde se dice que se fundó Arequipa—, visitar el Monasterio de Santa Catalina y asombrarse por el conjunto arquitectónico del que está compuesto y las historias que encierra.

En años recientes, los turistas han llenado las calles de Arequipa, visitando bares, buscando la mejor alpaca o la picantería recomendada para probar el chupe de camarones o el chaque (sopa de verduras que se sirve sólo los lunes) acompañado de una chicha, o quizás de un pisco.

Arequipa es la segunda ciudad más importante de Perú y también es conocida como la Ciudad Blanca, pero para los locales siempre será la primera, la única República Independiente de Arequipa.