Ahora que se habla de la posible llegada de TURKISH AIRLINES a México y de los cientos de opciones de conexión desde el aeropuerto de Ataturk, en Estambul, vale la pena preguntarse cómo es la aerolínea y si conviene conectar desde Turquía a Europa, Asia y Medio Oriente.

PRIMERO hay que dimensionar; Turkish vuela a 118 países, más que ninguna otra compañía (Lufthansa le sigue con 83) y es la cuarta aerolínea más grande del mundo. Su propio hub (Ataturk) es el treceavo de mayor movimiento a nivel mundial (México ocupa la posición 48).

Las encuestas de satisfacción de los pasajeros internacionales ubican a esta empresa en la cuarta posición a nivel mundial, tan solo detrás de Cathay, que por años ha mantenido excelente reputación entre su clientela.
En mi experiencia, Turkish es una opción que cumple su función rebasando ligeramente los estándares esperados, con una flota relativamente moderna (6 años en promedio), un espacio aceptable entre asientos, y alimentos calientes en rutas que su competencia ya no ofrece.

Su talón de Aquiles es la propia terminal aérea pues aunque es un centro de conexiones con decenas de destinos a menos de seis horas de vuelo, se encuentra en extremo rebasada para el número de pasajeros que atiende (57 millones). Sus pasillos son laberínticos y las salas de espera reducidas, con servicios inferiores a sus competidores europeos. De hecho, si vas a hacer conexión es recomendable considerar una hora adicional de lo usual. Por ello no me extraña que la terminal ocupe la posición 71 en recientes encuestas de satisfacción. La buena noticia es que el remedio ya viene en camino con la apertura de un nuevo aeropuerto para 90 millones de pasajeros, que sustituirá al actual en el 2017. Mientras tanto, hay que tener paciencia.